Susurros en la Milpa
I Siete Días –¡Cómo crees que voy a hacer eso, carnal! Si yo nada más quería sacarte una lana, ahí la dejamos– dijo esa voz aguardientosa, ya para ese momento incómoda por la propuesta que le hice vía telefónica. –Seguro que conoces a alguien que lo haga, cabrón, no nos hagamos pendejos. Mira, te propongo que encuentres a alguien, ya tienes mi número, luego vemos de a cómo nos toca. - ¿Cómo ves?– yo estaba convencido de que aceptaría. –No, de verdad, amiguito, ya deja de invocar al diablo por que se te va a aparecer– colgó ya todo intimidado. Minutos antes yo estaba echado en mi sillón disfrutando del viernes como desde más de un año habían pasado los viernes para mí: sin más compromisos sociales puesto que mis amistades tomaron sus propios caminos y quedar para vernos, compartir anécdotas y opiniones se complicaba más; tampoco amorosos, llevaba años sin tener compañía alguna para disfrutar de su voz, sus pensamientos y en ocasiones sabore...